Vamos pastores, vamos, 
vamos a Belén 
a ver en ese niño 
la gloria del Edén, 
a ver en ese niño 
la gloria del Edén. 

¡Ese precioso niño! 
Yo me muero por Él 
sus ojitos me encantan, 
su boquita también, 
el padre lo acaricia. 
La madre mira en Él 
y los dos extasiados 
contemplan aquel ser 
Contemplan aquel ser. 

Un establo es una cuna, 
su casa es un portal 
y sobre duras pajas 
por nuestro amor está. 
Allí duerme el niñito 
junto a un mulo y un buey, 
y bien cobijadito, 
con un blanco pañal. 
Con un blanco pañal. 

Es tan lindo el niñito, 
que nunca podrá ser 
que su belleza copie 
el lápiz y el pincel; 
pues el Eterno Padre 
con inmenso poder 
hizo que el Hijo fuera 
inmenso como Él. 
Inmenso como Él.